Álvaro Benavides La Grecca
Cualquier conversación entre dos personas es un acto de comunicación. Y con frecuencia ocurren conversaciones que pueden tornarse muy difíciles. Especialmente si consideramos que muchas veces esas conversaciones las tenemos justamente con personas que forman parte de nuestros círculos afectivo y profesional más cercanos. Douglas Stone, Bruce Patton y Sheila Heen, integrantes del Harvard Negotiation Project, publicaron el año 1999, Difficult Conversations*, obra que de inmediato se convirtió en referencia obligada para todo aquel que desee adentrarse en este espinoso asunto, bien sea por interés meramente académico, bien sea porque busca soluciones a situaciones complejas en su vida cotidiana.
El capítulo 10 de este libro está dedicado al tema de la expresión y a la necesidad de hablar con claridad y poder en todas nuestras conversaciones. En ese sentido, afirman que: “En una conversación difícil, su tarea principal no es persuadir, impresionar, trampear, burlar, convertir, o ganarle a la otra persona. Se trata de expresar lo que ve, y por qué lo ve de esa manera, cómo se siente y, tal vez lo que usted es. El auto-conocimiento y la creencia de que lo que usted quiere compartir es importante, lo llevará mucho más allá que la elocuencia y el ingenio".
Los autores recomiendan que para lograr los mejores resultados posibles, en el corto y en el largo plazo, es fundamental que sepamos con precisión qué es lo que queremos decir, y además, decirlo al principio de la conversación. Directa y muy claramente, puesto que en muchas conversaciones difíciles, quizá por temor, nos referimos una y otra vez a asuntos que en realidad no son importantes, y que no van al fondo de lo que queremos transmitir, cosa que obliga a nuestra contraparte a tener que adivinar qué es lo que deseamos.
Los autores citan un testimonio de la poetisa norteamericana Audre Lorde, que explica de dónde procede el temor que nos limita muchas veces a expresar lo que queremos: “…hemos sido socializados a respetar más el miedo que a nuestras propias necesidades de lenguaje y definición, y mientras esperamos silenciosamente por darnos el lujo de no tener miedo, el peso de ese silencio nos estrangula”.
Con la intención de que digamos nuestra historia con toda claridad, Stone, Patton y Heen, ofrecen tres recomendaciones de extrema utilidad: 1. No presentar nuestras conclusiones como La Verdad. 2. Explicar el razonamiento que nos llevó a esas conclusiones, y 3. Evitar las exageraciones que implican el uso de “Siempre” y “Nunca”.
Quizá la lección más esclarecedora que nos da la lectura de esta obra es que siempre podremos convertir a las conversaciones difíciles en oportunidades doradas para expresar lo que sentimos, alcanzar lo que nos proponemos, y mejorar nuestras relaciones con las personas con quienes discutimos.
*Stone, D.; Patton B.; Heen S. (2000) Difficult Conversations. How to discuss what matters most. Penguin Books. USA.






