Álvaro Benavides La Grecca
Nada más importante para un expositor que la audiencia a la que se va a dirigir. Nadie hace una investigación, prepara un contenido, lo convierte en mensajes, selecciona gráficos, busca ilustraciones, diseña láminas, les incluye una animación, ensaya, y mucho más, por el puro gusto de hacerlo. Mucho menos para ser él el objeto de ese trabajo. Todo eso se hace, justamente, para una audiencia.
Ocurre, sin embargo, que muchas veces, cuando se trata de exposiciones sin final feliz, se hace evidente que el expositor no hizo la tarea completa: olvidó invertir tiempo, talento y energía para indagar las características de su audiencia, para saber con precisión a quién se iba a dirigir. Se nota que en ese viaje, breve o largo que es una exposición, el expositor va a la deriva.
Hemos asistido a numerosas exposiciones en las que el expositor lleva a la audiencia a la incómoda y muy inconveniente tarea de tener que “adivinar” el destino del viaje y la ruta que el expositor quiere seguir.
Una cosa que todo expositor debe tener presente a la hora de prepararse, es que las audiencias asisten a cualquier acto de comunicación con el claro propósito de obtener algo de valor para ellos, a cambio del tiempo que invierten para escuchar una exposición. Quieren llevarse cosas interesantes, es cierto, pero sobre todo útiles y fácilmente aplicables en sus vidas personales o profesionales.
Y esa es justamente una de las preguntas que debe responder una y mil veces el expositor cada vez que en su presentación incluye un mensaje un dato, una evidencia: “¿Es esto de utilidad para mi audiencia? ¿Es lo que están esperando?”, puesto que la tarea fundamental que un expositor es, precisamente, satisfacer las expectativas de su audiencia.
“La audiencia generalmente evalúa la calidad del contenido de una exposición a través de tres vías: organización, expresión y soporte”*. El expositor está en la obligación de organizar sus contenidos de la manera más clara, de forma tal que pueda ganarse fácilmente la atención de los miembros de la audiencia. La expresión se refiere a la forma en la que el expositor entrega sus mensajes y el soporte es el conjunto de evidencias que el expositor muestra para dar consistencia a sus afirmaciones o propuestas.
Otro aspecto al que se refiere O’Rourke tiene que ver con el hecho de que muchos expositores conciben a los miembros de la audiencia como sus “enemigos”, que asisten sólo para formularle preguntas y comentarios incómodos, o para hacerlo quedar mal. Un abordaje del asunto en la dirección contraria produce resultados más eficientes para ambas partes, porque en realidad las audiencias son las mejores aliadas de un expositor en la delicada tarea de dirigirse a ellas para llevarle ideas, propuestas, informaciones, destinadas a lograr que esas mismas audiencias hagan o piensen lo que el expositor espera de ellas.
Este abordaje es mejor aceptado por la audiencia, que eleva su respeto por el expositor, quien, además, gana en autoestima.
*O’Rourke J. (2009). The Truth About Public Speaking, The Essential Truths in 20 Minutes. Pearson Education, Inc. New Jersey. USA






