María Fitch Molina
En la actualidad cientos de miles de mujeres venezolanas ingresan al sistema de educación técnica y universitaria en su intención de superarse y hacerse de las herramientas necesarias para crecer profesionalmente en las mejores empresas que operan en el país.
Ejecutivas muy competentes se establecen metas ambiciosas para hacer carrera en la organización a través de una gestión competente que incluye actualización de conocimiento estratégico, aunque en ocasiones implique sacrificar valioso tiempo a compartir con los miembros de sus familias. Lamentablemente, el reconocimiento y la valoración de sus esfuerzos no se asemejan al que reciben actualmente sus homólogos masculinos.
¿Por qué si trabajan lo mismo, no son ponderados igualmente?
Las mujeres siguen teniendo una desventaja en el campo laboral en cuanto a términos de remuneración y de valoración de sus aptitudes profesionales en comparación con sus homólogos masculinos. ¿Sexismo?, no. Esta situación suele derivarse de una falta de confianza de parte de las mujeres para negociar los términos laborales que regirán su gestión.
“Las mujeres no se atreven a pedir” (Women don’t ask), libro editado por Amat Editorial, recoge los puntos de vista de las profesoras Linda Babcock y Sara Laschever, quienes aseveran que es importante que las mujeres internalicen que el “saber negociar ya no es sólo cosa de hombres” y que hacerlo no tienen implicaciones negativas.
En un muy justo reconocimiento, las autoras señalan los grandes avances y conquistas individuales y gremiales que han tenido las mujeres en el ámbito profesional. No obstante, indican que generalmente muchas de ellas han visto frustrado sus planes de carrera debido a que se inhiben de pedir mejores condiciones a sus empleadores.
En casa y en el ámbito familiar, las mujeres se sienten cómodas tomándo las riendas del control y ejecutando decisiones en lo relativo a los quehaceres del hogar y las actividades de cada uno de los miembros del grupo. No obstante, al tratarse del lugar de trabajo, dichas líderes familiares no suelen solicitar aumentos de sueldo, promociones por mérito u oportunidades de tomar proyectos más ambiciosos.
La solicitud de un reconocimiento acorde a la gestión también es una acción sumamente incómoda de asumir para las féminas. En otras palabras, las mujeres casi no negocian a las condiciones que anhelan tal y como los hombres tienden a hacer.
La visión de negocio actual favorece a la negociación
En los últimos veinte años, se ha visto un cambio importante el ámbito profesional en general en su manera de asumir el proceso de negociación. Años atrás las partes eran consideradas adversarias y por lo tanto todo se enmarcaba en un ambiente de feroz competencia que resultaba en un ganador y un perdedor.
Hoy día, especialistas en el área gerencial, reconocidas universidades y la cultura empresarial global per se, están enfatizando sus esfuerzos en establecer la tendencia de que las partes que se sientan a negociar transiten de la mano por un proceso comprometido en alcanzar acuerdos beneficiosos con resultados ganar-ganar.
Por sentirse más cómoda con el estilo de negociar conciliando las partes y evitando el conflicto, la mujer lograría un desempeño exitoso en posiciones donde establecer acuerdos sea una meta importante entre sus objetivos a alcanzar. Sin duda alguna, mujeres profesionales cada vez más preparadas y seguras de sus habilidades para negociar, garantizaría su plena adaptación a un mercado cada vez más exigente e interactivo en el cual se mueven muchos intereses que pueden derivar interesantes acuerdos.
Desventajas desde el inicio de la carrera profesional
En un análisis de rangos de salarios iniciales, la Prof. Babcock descubrió que los hombres tienden a ganar 7.6% más que la mujer inclusive teniendo un perfil similar en cuanto a preparación académica y experiencia profesional se refiere. Esta diferencia viene determinada por la determinación masculina de negociar mejores paquetes laborales antes de aceptar el contrato que le ha sido ofertado.
La inhibición de tener una mejor auto ponderación y falta de determinación a la hora de negociar su paquete inicial, trae consecuencias que marcan la carrera profesional. Aunque los ajustes salariales sean iguales para todo el mundo, las mujeres mantendrían siempre una remuneración inferior producto de su temor de dañar las relaciones interpersonales por asuntos monetarios y soñar o pretender que recibirán un justo reconocimiento a futuro por los resultados que le devengue su ardua y sacrificada labor.
La realidad de que cada día más mujeres ostentan posiciones claves en las organizaciones, incrementa la necesidad social de que las herramientas de negociación sean empleadas habilidosamente en las plazas de trabajo. Afortunadamente, en el caso de Venezuela se ha visto que las empresas se han avocado progresivamente a capacitar su capital humano para que las mujeres afinen sus habilidades para negociar y logren conciliar acuerdos de manera afectiva a la par de sus compañeros masculinos tanto en el campo profesional como en el personal.
“… Los problemas se solucionan no con nueva información, sino ordenando lo que siempre hemos conocido.”
Ludwig Wittgenstein (filósofo austríaco)






